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Victoriano Mera: "A Paco le gustaba comer boquerones fritos, manteca colorá y natillas"

La 'Comarca de Cerca' conoce a través de su compadre Victoriano Mera algunas de las anécdotas más divertidas de Paco de Lucía

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  • Victoriano Merca junto a Paco de Lucía -

Hoy, 25 de febrero, se cumplen 11 años del fallecimiento de Paco de Lucía, el algecireño más universal. El programa magacín de 7TV Campo de Gibraltar 'La Comarca de Cerca', le dedicó un especial en el que, a través de una entrevista a Victoriano Mera, compadre de Paco y amigo de toda la vida, pudimos conocer anécdotas impagables sobre el hombre detrás de la guitarra.

Victoriano se emociona cada vez que recuerda a su compadre, a quién conoció siendo apenas un niño jugando al fútbol en el antiguo estadio El Calvario, ya derruido. “Paco vivía en la calle Fuentenueva, a 200 metros del estadio, y venía todas las tardes a jugar con nosotros. Porque a él le encantaba el fútbol, aunque era muy mal futbolista”, recuerda Victoriano. “Yo le decía, - dedícate a la guitarra que vas a ganar más-”.

Y así nació una amistad que duró toda la vida. “Yo estuve trabajando en la Celupal, y Paco venía a recogerme en coche cuando yo salía a las diez de la noche para ir a nuestras correrías. Íbamos a Miraflores, entre otros sitios”.

Según Victoriano, Paco era un hombre tímido, que huía de los conflictos: “Era una maravilla de persona, no le gustaban los líos ni los disgustos con nadie. Eso sí, si se enfadaba había que amarrarlo, hacía falta diez o doce para sujetarle porque era un hombre muy grande, fuerte. Entre risas bromea: “Trompá que daba chichón que levantaba”. Y asegura: “Pero era muy pacífico, era muy difícil que se arrancara, lo tenían que poner a tres mil por hora. Era mejor persona que artista, ¡que ya es decir! Porque en una ocasión, en Japón le presentaron diciendo: -Señores, ante ustedes el Dios de la guitarra- Pero como persona ya era excepcional, lo máximo que puede ser una persona”.

A pesar de su timidez, Paco de Lucía tenía un gran sentido del humor. Según Victoriano “Conocía la gracia a la perfección. Nada más que quería cachondeo todo el día. Le gustaba mucho reír y estar de guasa, era muy bromista. Recuerdo que solía poner un mote gracioso a los compañeros que trabajaban con él. Por ejemplo a Antonio Serrano le llamaba El boquerón. Y en verano era muy gracioso porque yo tenía habilidad para darle muchas pataditas al balón sin que se cayera al suelo, y Paco me decía – Vamos a buscar un par de primos en la playa y nos apostamos unos tintos con casera para ver cuánto aguantas con el balón, y como vamos a ganar, así no pagamos-. Paco estaba sembrado”, asegura Victoriano.

Paco de Lucía era un hombre sencillo y cercano, con una personalidad que contrastaba con la inmensidad de su talento, y tenía una forma única de ver la vida. Su amigo Victoriano recuerda cómo Paco estuvo casi veinte días haciéndole creer que le pasaba algo a su guitarra. “Le falta algo, compadre, -me decía Paco- no sé qué es, pero le falta algo”, insistía el maestro. Victoriano revisaba el instrumento una y otra vez, pero no encontraba nada extraño. “Yo la veo bien, Paco. Está afinada, suena bien”. Hasta que un día, tras semanas de misterio, Paco de Lucía desveló la incógnita con su habitual ironía: “Le falta un cenicero”.

Cuando aún existía la peseta, Paco de Lucía compró el primer Mercedes que tuvo, uno de segunda mano que compró a un señor de Zahara de los Atunes que había estado en Alemania trabajando y que había traído de allí un Mercedes. Una compra en la que intervino Victoriano que, por aquel entonces, trabajaba en la Seat vendiendo coches, y gracias a su intervención Paco se ahorró más de 500.000 pesetas. “Era un Mercedes antiguo, de faros verticales. Como yo en la Seat hacía eso todos los días, nada más ver el último número de la matrícula podía saber de qué mes y de qué año era. El dueño del Mercedes quiso engañar a Paco, le pidió 700.000 pesetas por él. Y le dije yo que el coche era del año 69, no del año que él decía. Cuando le pedí los papeles efectivamente yo tenía razón, y de las 700.000 pesetas que le pedía, se lo dejó en 175.000. Entonces Paco me abrazó y me dijo - Qué chanela eres compadre- que significa listo en caló".

Victoriano confirma lo que ya todos sabíamos, y es que Paco de Lucía amaba a su tierra, pero nos da más detalles: “Él decía, -Señores, yo soy como un caracol, yo llevo siempre Algeciras a cuestas-”. Recuerda Victoriano que en una ocasión, paseando por Beberly Hills, entró Paco en una tienda y dijo: “En esta gorra inscríbanme Algeciras Mare”, y con esa gorra se paseó por todo el continente. Victoriano lo tiene claro “Algeciras se conoce en todo el mundo gracias a Paco de Lucía. Yo he visto a Paco explicarle a un extranjero, mapa en mano, donde estaba Algeciras. Le decía: -¿Ve usted España? Pues mire aquí abajo, en esta punta. Esto es Algeciras y de ahí soy yo, ahí me he criado yo”. Asegura Victoriano: “Paco moría con Algeciras, él decía - Esté en la parte que esté del mundo, yo estoy con Algeciras”.

Para el programa de radio ‘Navidad con amor’ organizado por el Padre Cruceyra para recaudar fondos para los más necesitados, Victoriano se ofreció para pedir a Paco una guitarra y que se la firmara para poder subastarla y donar ese dinero. “Un hombre de Sevilla pagó dos millones de pesetas por esa guitarra”, recuerda orgulloso Victoriano dejando entrever que Paco era un hombre muy generoso. “En una ocasión, hablando con él por teléfono me dijo: - Compadre, aunque tú no me lo digas, yo sé que no estás bien, dame tu número de cuenta- Paco quiso darme dinero, pero yo me negué a darle mi número de cuenta bancaria porque lo único que me interesaba de él era su amistad. Yo no le quería para eso, yo me sentía orgulloso de que ese fuera para mí como un  hermano. Y me da coraje que digan que yo soy el mejor amigo de Paco, porque yo soy su compadre, que es más que amigo”. Cabe recordar que Paco de Lucía fue el padrino del bautizo de Patricia Mera, una de las hijas de Victoriano.

Cuando hablamos del Centro de Interpretación Paco de Lucía en Algeciras, Victoriano nos informa que la mayoría de fotografías que hay en el centro fueron cedidas por él. “Una guitarra pequeñita de artesanía que hay allí, también la llevé yo, y un cajón que le regaló El Piraña a  mi hijo”.

En cuanto a sus gustos culinarios, Victoriano nos contó que a Paco le gustaban mucho los boquerones fritos, la manteca colorá y las natillas.

“Si tuviera que definirlo, dice su compadre, diría que era único: inteligente, listo, divertido, sencillo, humilde, noble, generoso, gracioso, todo lo bueno lo reunía”.

Hasta aquí nuestro pequeño homenaje a ese gran hombre que fue Paco de Lucía. Gracias a Victoriano Mera por acercarnos como nunca a la persona que habitaba más allá del artista. Después de un testimonio como éste, nuestra admiración es mayor aún. Ni qué decir tiene que Paco de Lucía ha sido, es y será nuestro algecireño más universal y querido. Ante paisanos así, una se siente orgullosa de ser algecireña.

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