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Miércoles 28/09/2022  

El jardín de Bomarzo

Camino del colegio

Todo vale, hasta el derecho a no hacerlo. Todo vale y sea por esta Andalucía hermosa que nos cobija

Publicado: 17/06/2022 ·
12:51
· Actualizado: 17/06/2022 · 12:51
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  • El jardín de Bomarzo.
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Bomarzo

Bomarzo y sus míticos monstruos de la famosa ruta italiana de Viterbo en versión andaluza

El jardín de Bomarzo

Todos están invitados a visitar el jardín de Bomarzo. Ningún lugar mejor para saber lo que se cuece en la política andaluza

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Las primeras elecciones a la Junta de Andalucía se celebraron el 23 de mayo de 1982 tras la aprobación del Estatuto de Autonomía. Este domingo 19J será, por tanto, la decimosegunda vez que los andaluces estén convocados a urnas para elegir gobierno; diez veces las ganó el PSOE logrando desde los 66 escaños de la primera con Escuredo -1982- hasta los 62 -1990- y 61 -2004- con Chaves. El PP de Javier Arenas las ganó en 2012 logrando 50 escaños, pero formaron gobierno PSOE e IU tras el pacto de Griñán con Valderas, jugada que le devolvió el PP de Moreno Bonilla en 2018 con el acuerdo actual con Cs y el beneplácito de Vox. 109 diputados en sistema de listas cerradas en cada circunscripción electoral correspondiente a ocho provincias; 12 en Almería, 15 en Cádiz, 12 en Córdoba, 13 en Granada, 11 en Huelva, 11 en Jaén, 17 en Málaga y 18 en Sevilla mediante el sistema dHondt, fórmula que divide los totales logrados por los partidos y asigna escaños a los promedios más altos, lo que favorece sobre todo a las formaciones políticas mayoritarias.

Elecciones 2022Moreno Bonilla ha sumado varios méritos a lo largo de estos tres años y medio de legislatura, los suficientes para que todas las encuestadoras le otorguen como poco un mayoría suficiente para gobernar y que le sitúa en torno a los 50 escaños, aunque los trackings finales de esta misma semana le dan por encima de eso -cerca de la absoluta-. El primero es situar la marca Juanma por encima de la de PP, esto en parte porque supo entender que a la mayoría de los andaluces gusta un perfil plano, alejado de estridencias, conservador en el sentido de las tradiciones y la cultura, que no moleste, de hecho cuando la ex presidente Susana Díaz entró en conflictos con su partido al disputar con Pedro Sánchez y tensionó el tono contra todo y todos comenzó a perder el apoyo mayoritario. Perfiles como Chaves o Griñán son, en parte, el modelo y no es que Andalucía sea especialmente de izquierdas, es conservadora, lo fue antes con gobiernos socialistas, lo es ahora con este modelo propuesto por un Moreno Bonilla que huye del conflicto, que no cambia el tono, que ante las crisis -por ejemplo las sanitarias- se ha parapetado bien tras sus consejeros y que ha regado lo suficiente para que en todos los rincones de este vasto territorio andaluz crezca la sensación de que todo va mejor y a veces es más importante que el ciudadano lo crea a profundizar en detalles. ¿Y todo va mejor? ¿La sanidad? ¿La educación? ¿El empleo? ¿La corrupción? Lo cierto es que ha conseguido eliminar el estado de crispación y eso es muy importante, tanto como no caerle mal a casi nadie, todo suma, de hecho el presidente de la Diputación de Sevilla, Fernando Villalobos, relata en privado y sirva como anécdota: "Me cae bien hasta a mí, cuando coincidimos me da abrazos como si yo fuera su tío...". Pues eso.

No ha hecho nada tan grave Juan Marín para el castigo que, en principio, le espera este domingo, porque su realidad están muy lejos de los 21 escaños de 2018. Su error ha sido no saber sacarle rendimiento electoral a la gestión de sus consejerías, situar a su partido más en la vicepresidencia de la Junta que en la colación de gobierno con el PP, permitir que Bendodo le manejase hasta el punto de colocarle jefes de gabinete del PP en consejerías de Cs, a lo que se suma la deriva negativa de su marca desde los estropicios de Rivera y la convulsión interna por el control del poder con personajes como Fran Hervías -al que fichó para el PP el hoy defenestrado García Egea y lo hizo en la idea de dinamitar Ciudadanos-. Demasiado para un Marín que, además, ha tenido unos últimos meses complicados por ciertas cuestiones internas que, en general, han tensionado mucho el ambiente en su entorno más cercano. Su últimos días le dan un tímido repunte porque ha estado en los debates bien, cercano, lo que le podría llevar a conseguir el diputado por Málaga y, tal vez, otro por Sevilla, pero hacer cuentas mayores a día de hoy roza lo pretencioso.

El empadronamiento extraño de Macarena Olona y el tono agresivo empleado por la candidata de Vox tienen su cara y su cruz. Por un lado, ha elevado su nivel de conocimiento en Andalucía de manera vertiginosa hasta el punto de situarse en el centro de la campaña cuando hace bien poco era una gran desconocida, pero los indicadores muestran que al mismo tiempo ese tono pasado de revoluciones ha frenado el crecimiento que Vox venía experimentando en los últimos meses porque cierto electorado animado por cuestiones como inmigración, disputas entre géneros, caza o toros, menas o agricultura se han frenado de vuelta a su lugar de origen. El PP. Esto no quita para que la formación de Abascal aspire a la veintena de diputados, mucho más de los que tenía, lejos quizás de los 26 que aspiraba con el efecto Olona, veremos si necesarios para que el PP sume gobierno y a costa de qué porque tras los debates la relación Bonilla con Olona se muestra como un matrimonio condenado a tirarse los trastos a la cabeza camino del juzgado. A saber si de género.

Teresa Rodríguez ha sido la más beneficiada por los debates, ha estado ágil, directa en el cuerpo a cuerpo y ante el tono pausado de Inmaculada Nieto, la representante de la coalición de Por Andalucía, ha logrado dar brillo a su figura y a un discurso que pretende pegarse a Andalucía con su Adelante, esbozando la blanca y verde desde una posición progresista, de izquierdas, sin ataduras con Madrid. Pero la fragmentación de todo lo que supone la izquierda a la izquierda del PSOE le hace mucho daño y no parece que entre ambas logren más allá de los diez escaños, claramente insuficientes para sumar con su único socio posible, el PSOE, y recuperar el gobierno de la Junta. Pero la gaditana, que a saber si su pretensión es continuar mucho tiempo en esto de la política, ha mostrado una madurez ideológica y una posición de marca que la está haciendo crecer en este final de campaña y aunque ande por debajo de la Por Andalucía liderada por la algecireña Inma Nieto, se ha mostrado como una líder con fortaleza y con pegada.

Por último, Juan Espadas. Al ex alcalde de Sevilla la campaña le ha venido pronto, a lo que se añade el hecho de que no ha propuesto un elemento diferenciador contra Moreno Bonilla y si te presentas como otro hombre tranquilo, pierdes frente al original. Porque para hombre tranquilo está Juanma, que además tiene el brillo de la presidencia de la Junta y el Boja en la mano, que no es poco. El drama puede ser, y en esos números están, en sacar un resultado peor que el cosechado por Díaz en 2018, lo cual sería difícil de explicar y como el PSOE es como es no pocos aguardan tras la mata para salir el lunes con el dedo acusador y proponer un futuro distinto, si bien no lo habrá al menos hasta después de las próximas elecciones municipales en 2023. El manchón, de darse, también sería para un Pedro Sánchez -que apostó por el cambio- al que han eliminado de la campaña andaluza y solo aparece en el acto de clausura y es así tanto porque la marca Sánchez no suma como porque Sánchez sabe que la cosa no va bien y tampoco es amigo de aparecer demasiado en la foto de la derrota. Algunos ya incluso apuntan la posibilidad de que el presidente del gobierno haga coincidir las generales con las municipales para sumarse y aprovechar el tirón de las agrupaciones locales y de los alcaldes haciendo campaña, ante lo cual hay temblique general. En todo caso, estas no son las elecciones de Espadas, demasiado pronto tras todo lo vivido, si tiene margen podrá lidiar con mayores opciones en las próximas, pero para ello este domingo debería al menos salvar los muebles con un resultado mejor que el que logró Susana Díaz en 2018.

Andalucía vota bajo una ola de calor que afectará la participación y con un treinta por ciento de indecisos, de hecho parte de ellos decidirán de camino al colegio electoral; la mayoría llevarán su voto decidido, unos por ideología, otros por simpatías, interés, hartazgo o lo que sea. Todo vale, hasta el derecho a no hacerlo. Todo vale y sea por esta Andalucía hermosa que nos cobija.

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