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Jueves 01/12/2022  

El cementerio de los ingleses

La victoria

Las trabajadoras de ayuda a domicilio de San Fernando lo han conseguido

Publicado: 03/08/2022 ·
20:46
· Actualizado: 03/08/2022 · 20:46
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Autor

John Sullivan

John Sullivan es escritor, nacido en San Fernando. Debuta en 2021 con su primer libro, ‘Nombres de Mujer’

El cementerio de los ingleses

El autor mira a la realidad de frente para comprenderla y proponer un debate moderado

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Estaba pensando sobre qué tema escribir esta semana, dado que la actualidad ofrece tantos temas en tan poco tiempo que no sabía por cuál decantarme: el archivo del “no caso niñera”, el asunto del ex portavoz de la Conferencia Episcopal presidiendo una misa el pasado 18 de julio en el Valle de los Caídos (no hace falta que diga en honor de quiénes), la última cruzada contra Monedero del juez García-Castellón o la amenaza de José Manuel Soto de llevar corbata todo el verano. No obstante, para hablar de estos temas ya tienen ustedes la objetividad de Ferreras, Ana Terradillos o Vicente Vallés. Ironías aparte, hoy prefiero comentar algo más feliz y más cercano, más a pie de calle o de escalinata del Ayuntamiento.

Las trabajadoras de ayuda a domicilio de San Fernando lo han conseguido. Se ha alcanzado un acuerdo para que su jornada pase a ser de 35 horas semanales, para solventar los incumplimientos que hasta ahora se estaban dando de las condiciones pactadas entre el Servicio de Ayuda a Domicilio del Ayuntamiento y la empresa concesionaria y, de hecho, que sea el propio Consistorio el que gestione dicho servicio público a través de una empresa municipal. Estas guerreras han dado una lección de coraje: han cumplido con su jornada laboral, conscientes de que no trabajan con sacos de patatas ni fabrican tornillos sino que cuidan personas; y, después de su jornada, han mantenido una vigilia en la escalinata del Ayuntamiento durante la friolera de 69 días. Que se dice pronto, oiga.

No sólo han conseguido volver a dignificar sus condiciones laborales con su lucha, sino que además han logrado la remunicipalización del servicio. A fin de cuentas, era eso o crear algún órgano de control que se encargue de verificar que lo contratado y pagado se cumple: que se proporcione el vestuario adecuado a las trabajadoras, que se produzca esa subida salarial del 4,5% que aún estaban esperando, que se paguen las horas de formación... Como ya dije en otra ocasión, si compro y pago cinco kilos de patatas, quiero cinco kilos de patatas. Si pago por un servicio en determinadas condiciones, debo exigir que estas se cumplan; de otro modo, alguien está recibiendo un pago que no se corresponde con lo dispensado. Y, qué quieren que les diga, para beneficios caídos del cielo ya tenemos a las eléctricas.

Hoy celebro la victoria de estas gladiadoras de la clase obrera no sólo por ellas,

sino por cada colectivo que, por desgracia, tendrá que seguir luchando por sus derechos. Esos que son inherentes a su condición de seres humanos y de trabajadores, pero que no se tienen sin pelear por ellos. Valgan como ejemplo los trabajadores de Zumosol, de los que nadie habla en los medios. Valgan también los trabajadores forestales a los que les toca comerse el marrón de los incendios mientras se ha denegado la presencia permanente de un operativo de prevención todo el año. Valga la lucha del sector del metal, que ha evitado ya no sé cuántos cierres de los astilleros de la Bahía. Y valga también el ejemplo de aquellos que, sin ser afectados directos de cada situación, apoyan cada lucha obrera. Porque hasta ayer eran ellas, hoy podemos ser nosotros y mañanas puede ser cualquiera: de hecho, podemos ser todos.

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