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La escritura perpetua

La manada

Las obras de Carlos Arniches están muy vivas. La denominada ‘Banda de la guasa’, protagonista de ‘La señorita de Trevélez', es como ‘La manada’ de aquel tiempo

Publicado: 26/02/2025 ·
17:50
· Actualizado: 26/02/2025 · 17:50
  • ‘La señorita de Trevélez'.
Autor

Luis Eduardo Siles

Luis Eduardo Siles es periodista y escritor. Exdirector de informativos de Cadena Ser en Huelva y Odiel Información. Autor de 4 libros.

La escritura perpetua

Es un homenaje a la pasión por escribir. A través de temas culturales, cada artículo trata de formular una lectura de la vida y la política

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Las obras de Carlos Arniches están muy vivas. La denominada ‘Banda de la guasa’, protagonista de ‘La señorita de Trevélez', es como ‘La manada’ de aquel tiempo, según Juan Carlos Pérez de la Fuente, director de la obra, que se ha estrenado en el madrileño Teatro Fernán Gómez. La integran unos hombres jóvenes, aburridos y ociosos, decididamente odiosos, de principios del siglo XX (la pieza es de 1916), que hacen creer a Doña Florita de Trevélez, una solterona (que se decía entonces), “mujer gorda” (como afirman), y entregada a su soledad, que el apuesto joven Numerario Galán se ha enamorado perdidamente de ella y la corteja. Todo únicamente para reírse. “¿Quién le ha dicho a esa plaga de aleluyas que yo la amo?”, se preguntará Numerario. “Florita sólo sobresalía en Latín”, soltará una amiga, señalándose burlonamente los pechos al mencionar “sobresalir”.

El asunto de este montaje es el ‘bullying’. Ignacio García May, autor de la versión, sostiene que la pieza pertenece a un eslabón que arranca en Cervantes y llega a Berlanga o Azcona. “El tema de esta tradición es la turbación ante el hecho de que pudiendo ser éste el mejor país del mundo se comporta a menudo, por molicie intelectual y pereza moral, como el más mezquino”, indica en el programa. Arniches realiza aquí una crítica implacable a la España profunda del chismorreo y el reloj detenido en horas eternas y vacías. “A la gente le encanta mirar las desgracias ajenas”, suelta un personaje. “Las bromas hacen a uno patriota”, dice otro. “Vivir siempre en un sitio pequeño y ver siempre las mismas caras, las mismas calles”, se lamenta una joven. España, un país que da vueltas sobre sí mismo. “No hay que atacar con la espada, hay que atacar con los libros”, aconseja don Marcelino, el maestro. Y frases que suenan muy actuales: “Tapamos una mentira con otra más gorda como si fuéramos el Gobierno de la nación”. Hay 13 actores, todos a excelente nivel, sobre todo Daniel Albadalejo y Silvia de Pé, en este montaje que enlaza con el teatro clásico y tiene también algo de musical cinematográfico, donde dialogan lo cómico y lo trágico, con una escenografía deslumbrante, sobre la España del chismorreo (del que tanto se quejaban también algunos personajes de Mihura) y del aburrimiento. “Más que galán parece un gañán”. La España de lengua sucia a la que Arniches ponía frases hermosísimas. Gran obra. Con el ambiente opresivo y asfixiante de algunas localidades pequeñas. Con sus chismes. Con sus envidias. Tan lejos, tan cerca.

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