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Altadis cierra su planta en Cádiz después de 273 años de historia

Publicado: 28/04/2014
De los 20 trabajadores que quedaban, se prejubilan 14, dos se irán al paro y cuatro se trasladarán a la planta de Logroño.
Cualquier gaditano que se precie tiene entre sus familiares o amigos a alguien que haya trabajado para la fábrica de tabacos. Por eso este cierre ha dolido tanto, desde que se anunció hasta que se consumó. Hoy lo que queda son los recuerdos de los 273 años de presencia en la ciudad; el rescoldo de lo que fue y del trabajo que dio a diez generaciones de gaditanos.  Una industria que consiguió un arraigo en Cádiz como pocas. Astilleros y Tabacalera, los dos bastiones de una ciudad que se presumían incombustibles. Una ya ha caído, la otra está agonizando. El ejemplo más palpable de lo que significó para Cádiz sus cigarreras fue su hermandad. Una cofradía que ayer también lloraba el cierre de la factoría, porque sin duda, su nómina se resentirá para siempre, a nivel económico y, sobre todo, humano. Ya no habrá más generaciones de cigarreras vinculadas a la corporación, y tendrán que empezar a andar por su cuenta, como las demás.

Día triste
Fue un día difícil para los 20 trabajadores que quedaban en plantilla, a pesar de que lo tenían asumido desde hace meses. De ellos, 14 se prejubilarán, dos han pedido la baja laboral (se irán al paro), y los otros cuatro continuarán su vida laboral en la planta de Logroño a partir del 1 de julio. Así lo explicaba el presidente del comité de empresa, José Luis Marín para quien el día de ayer fue especialmente triste “porque somos conscientes de que hoy se cierra otra industria potente de la Bahía, que durante años ha dado trabajo a cerca de 2000 personas entre personal directo e indirecto”.

La jornada de ayer sirvió para que el encargado de recursos humanos entregase a los trabajadores la secuencia de cobro y les explicase los pasos que tendrán que seguir desde hoy hasta el día que se jubilen. Las instalaciones están ya prácticamente desmanteladas y el mobiliario (ordenadores, sillas, mesas, e  incluso jardineras) se ha donado a las entidades que lo han solicitado.

Los que han salido peor parados son los empleados de las empresas auxiliares, de los que no se habla. Su continuidad laboral dependerá de la disponibilidad que tengan sus respectivas empresas para reubicarlos en otro puesto. De lo contrario, se verán abocados al paro. Entre ellos, guardias de seguridad, limpiadoras, carretilleros, jardineros, electricistas, personal de mantenimiento, etc. Trabajadores que en muchos casos llevan desde 1987 vinculados a la fábrica, y son tan ‘cigarreros’ como los de la casa.

Juan Miguel Láinez, empleado de la empresa Renasur, es uno de esos afectados. Lo destinaron a estas instalaciones en 1987 y ahora, después de 27 años, tendrá que cambiar de lugar de trabajo. En principio, su empresa podrá recolocarlo en otro sitio, pero no oculta su preocupación, ya que Renasur también está en ERTE: “Muchos de nosotros hemos madurado aquí. Yo entré en tabacalera el año que me casé y desde entonces no me he movido. Duele que se acabe, y más de esta manera. La verdad es que por las subcontratas no han movido un dedo.”

Cesar San Juan es técnico de logística de Altadis. Ayer mostraba su tristeza por este final que nadie quería: “Es lamentable que se cierre, aunque afortunadamente los que nos podemos prejubilar nos quedamos en una buena situación”. San Juan ya conoce lo que es el cierre de una empresa de estas características, puesto que le tocó vivir la clausura de Altadis, en Sevilla, hace siete años, planta a la que pertenecía. En ese momento pidió traslado para Cádiz y se lo concedieron: “A partir de ahora vendré por placer. He pasado por un traslado y sé lo que conlleva.

No me gustaría estar en el pellejo de los compañeros que se tienen que ir a Logroño. Al fin y al cabo a mi familia la tengo en Sevilla y he podido ir y venir todos los días durante siete años. De hecho, me compré este coche cuando me trasladaron y ya tiene 400.000 kilómetros, pero esos compañeros no podrán tener esa posibilidad. Es cierto que se van con un puesto de trabajo y un buen sueldo, pero todo el mundo tiene su corazoncito, y cuando crees que tienes tu vida encarrilada tienes que levantarla y continuar en otro sitio”.

La planta de Cádiz producía a diario 600 cajas de tabaco expandido de 36 kilos cada una que iban dirigidas principalmente a la fábrica de Logroño para su tratamiento. A partir de ahora sólo quedará el recuerdo y la gratitud por parte de miles de gaditanos porque durante generaciones fue su sustento.
 

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