Necesidades y peticiones

Publicado: 17/09/2020
No soy determinista ni fatalista, pero si resulta preocupante que haya individuos que se especialicen en reírse y tomarles el pelo a los demás
Intentamos escoger nuestra forma de vivir  y estar en el mundo, pero en el camino hay muchas cosas que nos lo impiden y nos condicionan. A veces hay como vientos que nos empujan en la dirección deseada .Otras dificultades sociales,  emocionales, psicológicas o económicas entre otras son como murallas que se levantaran impidiéndonos avanzar. Buena o mala suerte le llaman algunos, pero no me negaran que hay criaturas que lo tienen muy complicado desde el punto de salida o punto cero. Vamos desde que nacen.

No soy determinista ni fatalista, pero si resulta preocupante que haya individuos que se especialicen en reírse y tomarles el pelo a los demás, colocando el mundo al revés, la ética a la carta para hacer lo que les venga en gana y según les convenga en cada momento.

Son doctores de la dualidad, que nos asombran por lo que dicen que saben, pero nos escandalizarían por lo que ocultan. Jamás entre sus necesidades y las peticiones que realizan suele haber coincidencia sino una pura contradicción y cuando parecen más fuertes es cuando realmente se sienten más débiles.

Hay quienes lejos de cubrir sus necesidades se embarcan en peticiones imposibles y se montan en un juego disparatado entre siniestros, terremotos verbales y ruletas rusas de estrategias inadecuadas. A veces, por mucho que expliquemos las cosas con la máxima pedagogía para que todo el mundo lo entienda, casi nadie nos hace ningún caso.

Cuando toca comprometerse, resulta una actitud cobarde el lavarse las manos  o mirar para otro lado, o colocar todo bajo control de tal manera que terminamos eliminando el nosotros para acabar en un repetitivo yo, sustituir a todos los poderes para conjugar el poder único.

O escuchar  algo tan increíble como lo que dijo Pablo Casado en una de las últimas comparecencias del Presidente, Pedro Sánchez, en el Congreso, cuando calificó la situación que estábamos viviendo de dictadura constitucional. Mayor brutalidad imposible, por parte de quien aspira a ser alternativa de Gobierno, como líder de la oposición.

Lo que no entendemos porque no queremos o por falta de capacidad, la facilidad con la que hay sujetos que convierten una sugerencia o una petición para cumplir una norma en una amenaza, o cuando llegamos tarde y mal o cometemos grandes errores, y no somos capaces de reconocerlo.

Somos muy dados a esconder bajo una montaña de objetivos, lo que realmente es sustantivo, y nos basta nombrarlo para conocerlo, y darle la oportunidad para reconocerlo. Hemos de pensar con amplitud  y actuar con claridad, porque lo peor que puede sucedernos es quedarnos en tierra de nadie sin definición.

Cuando te quedas sin alternativa y encerrado en el pensamiento único, terminas queriendo que todos te obedezcan aunque sepas que lo que estás defendiendo es auténtico disparate, en el que no aceptas estar en la oposición y acabas en un juego esquizofrénico de perder el sentido de  la realidad.

Desde esa óptica emitimos y recogemos falsas señales, y nos desgastamos inútilmente en cuestiones que son accidentales, en lugar de emplear nuestro tiempo en sumar y construir una sociedad más justa, dinámica, abierta e inclusiva en la que quepamos todos y todas desde nuestras diferencias y discrepancias, desde la posición, que es preferible salir del túnel a hundirse en el pozo.
                       

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