Entre la desmemoria y el olvido

Publicado: 12/11/2020
Quiero poner en el primer plano de la literatura a Martín Kohan, cuando afirma “Me interesa el olvido colectivo”
Nuestro protagonista Leonardo, uno de los ocho habitantes de la aldea de Abioncillo de Calatañazor, había trasladado su humanidad desde su Madrid natal y su barrio de Vallecas a este lugar en la provincia soriana para participar en un proyecto de pueblo-escuela, que funcionaba desde el año 1983, o sea la tontería de 37 años. 

Hoy él que se sentía  muy amigo del actual alcalde de Calatañazor, el socialista  Víctor, población que era el Ayuntamiento matriz de Abioncillo, y que a 31 KM de la capital y 990 metros de altura con 64 habitantes, con inviernos largos y fríos y veranos cortos, resultaba un espacio único y excepcional.

Aquel vallecano capaz de abrir una voz impertinente donde se propusiera, a sus 69 años estaba entre la amnesia y el olvido, y lo que le parecía más fácil y cercano, era lo que le costaba más recordar, y le hizo rescatar desde el  primer plano del olvido aquellos hábitos saludables  que le podían ayudar a llevar una vida sana.

Quiero poner en el primer plano de la literatura a Martín Kohan, cuando afirma “Me interesa el olvido colectivo”. Con frecuencia tenemos despistes descuidos y distracciones, que no tienen nada que ver con omisiones, negligencias y abandonos.

Envueltos en memorias y olvidos, entre derechos  y obligaciones, índices de estabilidad, necesidad de reponer fuerzas, favorecer la consecución de los objetivos y no tirar la toalla, con solidaridades y empatías, hablando fluido y sin clientelismos.

Con los años había descubierto que la vanidad era una nefasta consejera y que no se iba a dejar llevar por lo primero que le viniera a su pensamiento, como un impulso. Podía con serenidad, reducir, detener y eliminar todo lo que se le cruzara en el camino.

Entre asustados y desorientados, atrapados y sueltos, bulos y especulaciones, disfrutaba sin complejos, facilitando la convivencia y aguardando los momentos divertidos que no se esperaban, huyendo de las tristezas y los pesimismos, para comenzar a buscar otros caminos por los que resolver los problemas.

Lo hacía todo de corazón, conservando la memoria y administrando los olvidos y entre puertas y cerrojos, no eran momentos de inventarse nada que supusiera saltarse ciertas reglas, sino de serenarse y tenerlo en cuenta antes de actuar. Las decisiones que había tomado eran bastante buenas y vería muy pronto los resultados.

Cuando decimos lo que pensamos de verdad, nos parece demasiado brusco y debemos intentar suavizar lo que tenemos que decir. A veces cuando fabricamos dramas reales es porque entre encuentros y reencuentros idas y llegadas, datos y estadísticas, hacemos con nuestras palabras hermosas o feas aquello que nos da la gana.

Entre cimas y abismos, farsantes y estafadores, compensando y recompensando, los mandamases y losobedientes, dramas basados en hechos reales y realidades dramatizadas, alejándonos de cosas materiales y centrándonos en la espiritualidad de descubrirnos a nosotros mismos.

Todos tenemos nuestros puntos de flaqueza por los que nos dejamos llevar. Hemos de entrenarnos mentalmente para ser desmemoriados selectivamente y olvidarnos de lo que nos conviene. Caer en una trampa, puede ser un error, hacerlo siempre es algo planificado o una torpeza a la que hemos de ponerle remedio. Si nos lo proponemos, podremos conseguirlo. Leonardo había decidido continuar trabajando en aquella aldea soriana, en aquel proyecto educativo.
         

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