Entre callar y gritar

Publicado: 17/06/2021
No debemos ignorar en la vida ni en la pandemia a nuestros mayores, y deben gritar y no callar, para que no los hagamos invisibles
Nunca debemos perder la oportunidad de hablar, pero tampoco la de estar callado. No podemos desperdiciar la posibilidad   de recorrer el camino desde el principio hasta el final. Hay que ver lo que miramos y lo que imaginamos, el futuro desde nuestro presente y recordamos el pasado reflejando todas las expectativas que pueden no cumplirse.

No debemos ignorar en la vida ni en la pandemia a nuestros mayores, y deben gritar y no callar, para que no los hagamos invisibles. A ellos no se les puede colar nadie, porque están siempre aquí ofreciendo sus manos y sus esfuerzos entendiendo y comprendiendo nuestro egoísmo, dispuestos a darnos lo mejor con su trabajo, su solidaridad y su esfuerzo.

La vida debe ser un constante tomar partido, sin mirar para otro lado o enredarse en nuestros mutismos, sin inhibirnos ni ausentarnos., con el temple de la responsabilidad y la decencia, encontrando la oportunidad de cambiar el mundo y no quedarnos atrapados en infiernos paralizantes.

Todo se marcha y regresa, entre silencios y gritos, abrimos las puertas a la esperanza o escribimos el final de la pesadilla, manejamos los tiempos, porque nos damos cuenta que gestionar tarde es hacerlo mal, mientras que hacerlo en el momento oportuno, con rigor y criterio nos hace ser  más rigurosos y con más criterios.

Sin callar y rebelándonos ante lo injusto, no podemos consentir que nos pisoteen y encima se rían de nosotros. Tampoco debemos incurrir en construir relatos fantásticos ni cuentos de la lechera, porque si nos empeñamos todo lo que puede empeorar, empeorará.

Hay quienes callan o gritan, se comprar y venden lo que quieran con tal de permanecer en el poder y ni sienten ni padecen lo que está pasando en su entorno, como si no fuera con ellos, como si no encontrarán el cómo y el porqué de sus actuaciones.

En la sociedad de la apariencia, se da más importancia a lo urgente, a gestos de fuerza como romper los tableros, tocar los tambores   para formar mucho ruido, abrir puertas y ventanas para que salgan los vientos tóxicos y se renueve el ambiente.

Una de las mejores medidas contra la estupidez es saber callar, guardar ese silencio sabio que es capaz de armonizar conjunciones y disyunciones, sin buscar en alguien el mérito de tener la culpa de todo o administrando la Ley del Talión.

En medio del callar y el gritar nuestra capacidad de atención y concentración nos facilita el hacer el paso constante de nuestra actividad a nuestra representación, y nos favorece la descentración, pasando del placer de hacer al goce de pensar el hacer.

No podemos olvidar que, aunque repensemos el espacio y los elementos que lo llenan, pronto comprenderemos, que el mundo es mucho más que eso para nosotros, y que la actividad creadora no es solo con nosotros mismos, sino también el descubrimiento y creación permanente de los otros.

Cuando nos encontramos emocionalmente bien y con paz interior, apenas necesitamos nada del exterior. Esperamos una renovación en muchos sentidos. Debemos salir de nuestra zona de confort y conectar con el mundo. Solo es cuestión de que nos lo propongamos.

Entre callar y gritar, pensamos o desaparecemos, con aperturas y masificaciones, fondos y superficies, lo que no empieza y nunca se acaba, singulares e inquietos, rotos de dolor y fortalecidos por la alegría.
 

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