Poética

Publicado: 13/07/2022
Autor

Luis Eduardo Siles

Luis Eduardo Siles es periodista y escritor. Exdirector de informativos de Cadena Ser en Huelva y Odiel Información. Autor de 4 libros.

La escritura perpetua

Es un homenaje a la pasión por escribir. A través de temas culturales, cada artículo trata de formular una lectura de la vida y la política

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‘Los despiertos’, la nueva obra escrita y dirigida por el dramaturgo gaditano José Troncoso, está envuelta en una atmósfera maravillosamente poética
José Hierro, el máximo exponente español de la poesía social, describió en uno de sus libros a un grupo de obreros que volvían agotados de trabajar “con olor a hierro y a manos”. ‘Los despiertos’, la nueva obra escrita y dirigida por el dramaturgo gaditano José Troncoso, que ahora está de gira y en otoño vuelve a representarse en el Teatro del Barrio de Madrid, está envuelta en una atmósfera maravillosamente poética, hay poesía en cada esquina del escenario, y el público sigue la función con una sonrisa melancólica dibujada en el rostro y un nudo de emoción en la garganta. Pero ese toque poético es únicamente un elemento más de esta conmovedora, dura y deslumbrante función. Porque el subsuelo, como los poemas de José Hierro, está cargado de dinamita: se trata de un grito ahogado, una descomunal denuncia envuelta en papel de celofán, un teatro social sin la desnudez y el realismo que nos dejó, por ejemplo, el escrito por José María Rodríguez Méndez, pero con toda su carga de intenciones, en un montaje por el que también circulan Godot, Valle Inclán y el rumor de alguna chirigota del Carnaval gaditano. ‘Los despiertos’ es, sí, una perla teatral. Como también lo fueron ‘Lo nunca visto’ y aquellas inolvidables ‘Princesas del Pacífico’, los anteriores estrenos de Troncoso.

Porque este dramaturgo andaluz describe como nadie la vida de los desheredados, de los parias de la Tierra, como estos tres basureros que fueron felices aquella remota noche en la que vieron la luz de un piso encendida y se sintieron acompañados porque no eran los únicos despiertos de la ciudad, allí, aferrados a sus escobas, sobre aceras sucias, con su vida miserable, y uno de ellos con comportamientos miserable, y las nocturnas peleas absurdas en torno a la nada. “¡Haya paz, haya paz!”.

Troncoso tiene un estilo propio, de repetición de frases, de palabras que se mueven felizmente por la obra como un estribillo. De acento andaluz. Colosales los intérpretes: Alberto Berzal, Israel Frías y Luis Rallo. Y ahí están estos tres hombres, en medio de noches eternas en las que sólo importa el trabajo, trabajo y más trabajo, “a veces me preguntó por qué hay que trabajar tanto”, trabajo brutal del que únicamente los salvará la muerte, porque la obra también supone una excepcional reflexión en torno a la muerte. “¿Tú crees que hay algo después de la vida?”. La cura definitiva a tanta desolación, tanto agotamiento y tanto olvido quizás resida en que por fin salga el sol. “Este trabajo es para que te duelan los ‘costaos’, y el alma, y los costaos…”… “¡Haya paz, haya paz!”. Una perla teatral, decíamos.

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