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Jueves 01/12/2022  

San Fernando

La bella, breve y triste historia de Buenaventura Celedonio de San Fernando y Montalvo

En la madrugada del 3 de marzo de 1883 un bebé fue abandonado en la puerta del Ayuntamiento de San Fernando y adoptado por la ciudad como prohijado

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  • Ayuntamiento de San Fernando.

La historia que a continuación comentamos aconteció realmente en nuestra población. La ha sacado a la luz Juan José Maruri Niño, a través de su estudio sobre las actas capitulares del Ayuntamiento de San Fernando y la ofrecemos aquí para conocimiento de todos los amantes de nuestra historia local al resultar ser algo desconocida o, al menos, anecdótica.

Este suceso debió de ocurrir en la madrugada del día 3 de marzo del año 1883, desconociéndose la hora y el autor o autores de los hechos narrados.

El caso fue que al amanecer del día anteriormente citado y como era de uso y costumbre en cada mañana del calendario laboral, uno de los porteros que por aquel entonces tenía la misión de abrir las puertas de estas casas consistoriales, en este caso desde el interior del palacio municipal para dar así comienzo a la actividad municipal de aquel día y dando la casualidad de que junto a él se encontrara en aquel momento el concejal Ángel González Hoyos, procedieron a la apertura de la puerta principal, la que se encuentra frente a la plaza de Alfonso XII (Plaza del Rey), saltando en aquel preciso instante la sorpresa. 

Ambos hallaron sorpresivamente depositado en el suelo y arropado en el interior de una canastilla, un pequeño bulto envuelto entre unas prendas, que oculto en ella se movía, llamando la atención de aquellos hombres que incrédulos y atónitos, recogieron entre sus brazos a un bebé recién nacido.

Se supone que el autor o autores de aquel suceso, por los motivos que ellos meditarían, pensarían que el bebé, una vez se encontrase en manos del consistorio municipal, sería entregado a casas de niños/as expósitos, hospicios o familia de adopción, con la esperanza de una vida digna y saludable y sin ningún tipo de escasez. 

Aquella mañana estaba prevista la celebración de una sesión de cabildo municipal. El bebé fue trasladado a la sala capitular, junto con su canastilla y en el orden del día se introdujo por urgencia aquel increíble y maravilloso hallazgo. Todas fueron preguntas sin respuestas. ¿De quién será? ¿Por qué lo dejarían pasando frío? ¿Será no deseado?, etc. La ternura que demuestra el ser humano en situaciones análogas fue demostrada por los componentes de nuestra corporación en aquella jornada. El acuerdo alcanzado en aquel cabildo celebrado el día 3 de marzo de 1883 al respecto, dice literalmente:

“Prohijación de un niño abandonado a las puertas de estas casas consistoriales”. El alcalde por entonces de nuestra ciudad era D. Francisco de Arias Márquez, el cual ordenó la lectura de un expuesto, que dice así:

“Excmo. Sr. nunca como en la presente ocasión, podrá esta corporación, a quien nos dirigimos el patentizar, cuan arraigado se encuentra en el corazón de los individuos que la componen, el sentimiento de la caridad. Y de cómo una inocente criatura abandonada de los que le dieron el ser, y rechazada por aquellos, a cuyas puertas se expusiera.

Ha venido como traída por la mano de la Divina Providencia, la que nunca desampara a sus criaturas a buscar protección y amparo entre nosotros. Pues tal se deduce del cúmulo de circunstancias que la han traído a esta casa capitular, momentos antes de congregarnos en ella, y cuando tan solemne puede ser nuestro acuerdo, ante el gran número de señores concejales aquí reunidos.

E imitar la conducta de los que indignamente apostatan del sublime nombre de padre, y de las obligaciones que la religión, la sociedad y la propia naturaleza les impone para con el ser a quién le han dado la vida. No sería digno de los sentimientos humanitarios de los que se hallan al frente de una ciudad tan grande por su gloriosa historia, y de sus virtudes; como la nuestra.

Y que tengamos la completa seguridad de interpretarlos dignamente. Proponiendo extender una mano protectora sobre un infeliz niño, cuya desventura comprenden todos los que recibieron en su cuna, las tiernas caricias de una madre cariñosa y amante. Por lo tanto, suplicamos a esta corporación, que acuerde adoptar al citado niño el cual fue encontrado por el concejal Ángel González Hoyos, junto a un portero de este ayuntamiento, como a hijo de esta población, y que lleve por apellido el nombre de esta ciudad de San Fernando y que se encargue nuestro ayuntamiento de su subsistencia y porvenir”.

Y tras abrirse debate sobre dicha cuestión, esta se aprobó y por unanimidad. Acordándose que la comisión de beneficencia “se encargue y cuide que, al expresado niño se le proporcionen los vestidos y alimentos necesarios para su subsistencia. Así como proceder a su bautizo e inscripción en el registro civil de este partido”.

 

Una semana más tarde (10 de marzo), en la nueva sesión de cabildo (pleno municipal), el concejal Ceballos, como presidente de la comisión de beneficencia que lo era, informó de que había llevado a cabo el bautizo del niño, al cual se les impusieron como nombres y apellidos: «Buenaventura Celedonio de San Fernando y Montalvo». Que, una vez enviado el acta oportuna al juez municipal para su inscripción, también se le había comprado tela para vestirlo. Y que a continuación se le compraría una cuna y su colchón, cuyos gastos pasaría al municipio para su abono. También se solicitó asignarle una determinada cantidad mensual para cubrir los gastos necesarios en su atención, quedando su cuidado y vigilancia a cargo de la comisión municipal.

 

El también concejal Agustín Martínez, en cabildo de 7 de abril de aquel año, expuso que se había cometido un hecho arbitrario ya consumado. Indicando que cuando se produjo la adopción también del pequeño Buenaventura, se acordó entregar el niño a una mujer de apellido Carrillo, en vista de los nobles sentimientos que aquella demostró, e incluso esta solicitó llevárselo a su casa para criarlo por su cuenta, siéndole arrebatado a dicha señora el niño, por parte del concejal Ceballos, empleando para ello formas y procedimientos desacostumbrados al caso.

Los ánimos se calentaron entre ambos ediles, indicando el alcalde que la sesión debía constituirse en sesión secreta y así se acordó. Ordenándose seguidamente al público asistente desalojase la sala.

A petición del concejal Ceballos fueron leídos todos los puntos con referencia al pequeño y, en ninguno de ellos, se decía qué persona le cuidaría, siendo él, una vez más, al ostentar su condición de presidente de la beneficencia quien lo cuidaría.

Tras conversar con varios compañeros y comentar sobre el estado del niño que se encontraba enfermo y con ropas inmundas, se dispuso cambiar a la ama de cría, tras un reconocimiento médico efectuado al bebé.

A dicha señora, de haber cumplido con su cometido cuidando al niño, jamás se lo hubiera quitado. El concejal Martínez replicó que, en los acuerdos leídos, no autorizaba a Ceballos a llevar y traer al niño a su antojo y de no estar el niño bien cuidado, debería comunicarlo a la corporación, que es quien debía resolver. Si lo que quería era tener un ahijado a costa del municipio, no se lo permitiría. 

Nuevamente conllevó a enfrentamiento verbales entre los concejales, llegando al alcalde a poner orden y dirigirse al concejal Cano (quien había entrado momentos antes en la sala) reprimiéndoles el haber tomado parte en las discusiones, para entrometerse en el asunto y no acudir, como era su deber, a las sesiones plenarias.

El tal Cano justificó las faltas de asistencias a los plenos anteriores por no tener tiempo. Para zanjar la polémica, el alcalde solicitó un voto de confianza al concejal Ceballos, por su celo demostrado al niño, voto que no fue favorable de Martínez.

En sesión de cabildo, celebrado el 21 de abril siguiente, el regidor Ceballos presentó una serie de gastos del niño, por importe de 109 pesetas. El concejal Martínez solicitó poder conocer el domicilio del pequeño, por si algún compañero de esta corporación le quiere visitar, a lo que se le informaría posteriormente en sesión de 5 de mayo, diciendo la alcaldía que el domicilio lo era en la Calle Lanza Nº 4 (barrio del Cristo), invitando a todos los componentes de esta corporación municipal para que acudieran a visitarlo y poder comprobar el estado y cuidado que recibía el pequeño. 

En junio de aquel año, por prescripción del doctor Sánchez López, se le había cambiado de cuna por la circunstancia de no gozar de buena salud. El día 12 de julio, por parte del concejal Francisco Ceballos Palma, se comunicó a nuestra corporación municipal el triste fallecimiento del pequeño Buenaventura, acaecido el día 27 de junio de 1883. Acordándose seguidamente por parte del cuerpo capitular, haberse oído con sentimiento de pesar su lectura. Así como que se abonen los gastos ocasionados en su sepelio, los cuales ascendieron a un total de 101,08 pesetas. Triste final para una hermosa y e inmaculada flor, que tan deprisa se marchitó y que solo floreció una primavera (D.E.P).

¡Cual repentino vuelo, la mejor flor de esta tierra, fue trasplantada en el cielo!

El Güichi de Carlos – Historias de la Isla  

Diciembre 2020.

 

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