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Viernes 07/10/2022  

Alianda

El cante bueno sale ganando

La familia Agujetas y Rubichi cerraron con éxito una edición de los Viernes Flamencos marcado por el alto nivel artístico y la generosa respuesta de público

Publicado: 14/08/2022 ·
14:16
· Actualizado: 14/08/2022 · 14:27
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  • Dolores Agujetas y Domingo Rubichi, en Jerez.
Autor

Juan Garrido

Periodista jerezano, director y presentador de 'Alianda', el espacio flamenco de Publicaciones del Sur

Alianda

El flamenco es objeto de estudio, opinión e información en este apartado que nace en Jerez pero que abarca toda la actualidad andaluza

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Cuando decimos cante bueno, podemos trasladarlo a la guitarra también y al espectáculo en general. El pasado viernes vi a gente en los jerezanos Claustros de Santo Domingo que no veía hace tiempo. Saludé a aficionados de los que todos tenemos que aprender algo, porque entienden el flamenco desde el prisma experimental y el acercamiento al entorno donde el intérprete se siente cómodo. Esos aficionados que, como se decía hace años, se han gastado el dinero en la calle pero aparecen en menos fotos o instituciones que los que tienen la alcancía hasta arriba. Pero eso da lo mismo.

Estas líneas deben ir destinadas a los culpable de que esto ocurriera, o sea, la familia Agujetas y Rubichi. Ambas sagas, que en realidad es la misma, pusieron el broche de oro a una edición de los Viernes Flamencos que ha tenido una buena aceptación de público, pues en dos de sus cinco galas las entradas se han vendido al completo, en otras dos ha estado al 95% de aforo, y en una de ellas al 75%. A nivel artístico, Jerez se ha rencontrado con un colosal David Carpio, así como tres peñas históricas de la tierra como Tío José, Terremoto y Buena Gente, han defendido su historia y a sus integrantes. Unas más que otras, también hay que decirlo. 

Dolores Agujetas fue la capitana de un barco cargado de verdad, repletito de emociones y sin ninguna de las tantísimas tonterías que algunos quieren demostrar en un escenario sin que el pelo de la piel se ponga ni si quiera sensible. Este tipo de cantaores son lo que son porque defienden la desnudez del alma, y ahí los cabales no tienen más que rendir pleitesía. Rafael Lorente introdujo el espectáculo dirigido por El Rincón de la Agujeta recordando con sus versos a Manuel de los Santos Pastor ‘Agujetas’ y Diego de los Santos Bermúdez ‘Rubichi’. Una vez que los ecos de estas dos fieras de La Plazuela revolotearon por el acogedor patio, parte de la casta subió al escenario para confirmar que las expectativas no eran infundadas.

Los códigos escénicos fueron solemnes y serios, para que el cante de Tomás Rubichi, sobrino de Diego, recuperara unos cantes por bulerías para escuchar y bulerías con sello propio. A Tomás hay que seguir apoyándolo, es importante que su eco, su cante y su escuela sigan llegando al público como firme defensor de los cantes primitivos. Su hijo Bernardo lo acompañó con su tímida voz haciéndose una idea del peso que lleva su sangre.

¡Y cómo tocó Domingo Rubichi! Él me suele decir cuando estamos tomando una copa y hablando de cante que “tengo la oreja muy pequeñita pero muy buen oído”. Así es, sabe escuchar el cante como muy poquitos y lleva al protagonista en volandas. Así se sintió una matriarcal Dolores Agujetas por tarantos, seguiriyas y soleá, dejándose el pellejo a girones. Cercana, con la ironía agujetera y con la mirada intimidatoria. Una cantaora en peligro de extinción.

Antonio Agujetas Chico llevó las riendas del escenario con su guitarra y su cante, inconfundible ser inquieto de universo inabarcable que gusta a mayores y niños. Acompañó a Beatriz Morales en un arrebatador baile por seguiriyas al que se sumó Carlos Merino a la percusión.

Sonaron fandangos compartidos, amén del inicial martinete de pellizco, los tangos de Virginia Agujetas, como contrapunto musical y estilístico, y se organizó un fin de fiesta muy familiar y de sabor en el que bailaron todos, hasta Dolores. ¡Agujetas y Rubichi, palabras mayores!

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